La misión providencial de la Inquisición en España
“Santo del Día” – 17 de septiembre de 1965
A D V E R T E N C I A
El presente texto es una adaptación de la transcripción de la grabación de una conferencia del profesor Plinio Corrêa de Oliveira dirigida a los socios y colaboradores de la TFP, por lo que conserva el estilo verbal, y no ha sido revisado por el autor.
Si el profesor Plinio Corrêa de Oliveira estuviera entre nosotros, sin duda pediría que se hiciera mención explícita de su disposición filial a rectificar cualquier discrepancia con respecto al Magisterio tradicional de la Iglesia. Esto es lo que aquí hacemos constar, con sus propias palabras, como homenaje a ese estado de ánimo tan hermoso y constante:
«Como católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con fervor filial a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Si, sin embargo, por descuido, hubiera en él algo que no se ajustara a dicha enseñanza, lo rechaza desde ya y categóricamente».
Los términos «Revolución» y «Contra-Revolución» se emplean aquí en el sentido que les da el profesor Plínio Corrêa de Oliveira en su libro «Revolución y Contra-Revolución», cuya primera edición se publicó en el n.º 100 de «Catolicismo», en abril de 1959.
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Martirio de San Pedro Arbués, inquisidor – Bartolomé Esteban Murillo (1617–1682)
Hoy es la fiesta de San Pedro de Arbués:
“En Zaragoza, en España, San Pedro de Arbues, primer inquisidor de la Fe en el reino de Aragón; quien, precisamente por la fe que defendió con tanto vigor en el ejercicio de su cargo, fue brutalmente asesinado por judíos relapsos [en la Catedral del Salvador de Zaragoza, la Seo], y fue incluido en el catálogo de los santos mártires por el papa Pío IX”.
Estas palabras proceden del propio Martirologio Romano sobre él, y este santo vivió en el siglo XV.
El primer inquisidor de Aragón y la defensa de la ortodoxia
Hay algunas cuestiones que debemos tener en cuenta aquí. Ya el año pasado se consideró el hecho de que fuera un inquisidor santo, lo que equivale a afirmar la santidad del cargo y la santidad de la propia Inquisición. Es cierto que fue canonizado como mártir y que podría haber una escapatoria en el sentido de que su canonización es una canonización como mártir y no una ratificación de lo que hizo como inquisidor. Pero por todas las palabras del Martirologio, se ve que su condición de inquisidor se menciona de manera honorable.
Por ejemplo, aquí dice: Fue el primer inquisidor de la Fe en el Reino de Aragón. Es decir, todo un honor, fue el fundador, porque en el Martirologio solo se dicen cosas elogiosas. Fue el fundador de la Santa Inquisición en el Reino de Aragón.
Hay que decir que hay un honor especial en ser fundador de la Inquisición en ese reino. En primer lugar, porque todo aquel que funda algo participa de la gloria de todo lo que se hace después de él, y por lo tanto el fundador de esta institución participa de toda la gloria de la Inquisición en el Reino de Aragón.
La Inquisición y su papel en la preservación de la unidad religiosa de España
Pero hay que añadir que el Reino de Aragón era un reino muy influenciado por los judíos, muy influenciado; era una especie de refugio para todo tipo de judíos. Y que, por lo tanto, la lucha de la Inquisición allí era fundamental para la resistencia de toda España ante el judaísmo penetrante, y en una época en la que el judaísmo provocaba muchas conversiones. De modo que este santo ocupó un puesto absolutamente clave e inició una batalla que resultó fundamental para la preservación de España [N.C.: Aquí el Prof. Plinio hace referencia a los judíos encubiertos, o sea, judíos que se habían convertido al catolicismo para gozar de la benevolencia de las leyes del reino, pero que judaizaban en secreto, llegando incluso a conspirar contra el reino, aliándose a los protestantes. Sobre su papel en esa época, ver, por ej., William Thomas Walsh en su Felipe II, Capítulo XIII – Restablecimiento de la Inquisición española; Espasa-Calpe, 1958, pág. 257].

¿Quieren ahora ver cómo un hombre carga la responsabilidad mucho más allá de su propia vida? Hagan ustedes el siguiente cálculo. Como acabo de mostrar, este santo fue, por tanto, fundador de una institución que contribuyó a la salvación de España. Por otra parte, todos los historiadores admiten que España fue, humanamente hablando, el factor decisivo para impedir que el protestantismo se apoderara de Europa. Fueron el Concilio de Trento, la Compañía de Jesús y España. Y fueron los tercios de Felipe II, que combatieron el protestantismo por toda Europa, los que contuvieron en el terreno político y temporal la avalancha protestante que estallaba en aquella época.
Ustedes saben que Felipe II, al subir al trono español, recibió de su padre, Carlos V, esta recomendación que correspondía al deber que Carlos V no había cumplido. Aunque todo el poderío de España tuviera que desaparecer, Felipe II debía sacrificar ese poderío para defender a la Iglesia en todos los campos de batalla de Europa. Y así lo hizo realmente; al final de su reinado, España estaba empobrecida, pero gloriosamente empobrecida, a causa de su compromiso en las guerras de religión.
El propio Felipe II tenía un hijo, don Carlos —sobre el que Schiller escribió aquella famosa y pésima obra de teatro, falsificando por completo los hechos históricos—, que era sospechoso de ser protestante; por cierto, estaba un poco loco. Pues bien, Felipe II ordenó que se investigara el caso de don Carlos y dijo lo siguiente: «Si mi sangre se corrompiera en mi hijo y él fuera protestante, iría a la hoguera como los demás» [N.C.: El Prof. Plinio hace una cita de memoria de un suceso ocurrido en el Auto de Fe de Valladolid, el 21 de marzo de 1559, en que uno de los condenados, miembro de una familia de judíos secretos, muy relacionada con la nobleza, llamado don Carlos de Sesa, gritó al rey, al pasar ante él, que cómo le dejaba quemar. Felipe contestó: «Y aun si mi hijo fuera hereje como vos, yo mismo traería la leña para quemarle». In Felipe II, W. T. Walsh, pág. 260 y Cabrera, Historia de Felipe II, lib. V, cap. 3].
Bueno, ustedes comprenderán que esto proporcionó a la Iglesia una España católica. Esa Inquisición contribuyó a proporcionar a la Iglesia una España católica, de cuyos vestigios aún hoy nos beneficiamos. Hoy leemos en el Concilio Vaticano II las noticias sobre los debates y hemos visto que los debates contra la libertad de las iglesias heréticas fueron impulsados en gran parte por obispos españoles. Es decir, sigue siendo la gran veta de España, de la Inquisición, la que se alza en esta situación apremiante —y en este tremendo extremo en el que se encuentra Nuestra Señora, en el que se encuentra la Iglesia Católica—, para afirmar la doctrina que es la doctrina de la Inquisición. Que solo hay una Iglesia verdadera y que ninguna otra iglesia tiene derecho a funcionar.
Del martirio a la gloria: la influencia histórica de San Pedro de Arbués
En última instancia, todo esto cuenta con la contribución de San Pedro de Arbués, contribución que se le considera una gloria. Como saben ustedes, según la teología, los santos en el Cielo, a medida que sus acciones van dando frutos, van recibiendo una gloria terrenal y accidental aún mayor, y ven ustedes cómo la gloria de un santo así se eleva indefinidamente porque estuvo en el origen de una gran obra.
Es, por otra parte, como el mal de un demonio, de un precito, de un condenado. En la misma medida en que, por ejemplo, el protestantismo desembocó en la Revolución Francesa y esta, a su vez, en el comunismo, y en que el comunismo está causando daño a la tierra, en esa misma medida, la vergüenza, el oprobio y los tormentos de Lutero, Calvino y sus seguidores también se van haciendo sentir en el infierno, van aumentando en el infierno.
Así, podemos imaginar cuál será, hasta el fin de los tiempos, la enorme gloria de este santo. Un pequeño detalle se refiere a la historia del catolicismo. Felipe II es odiado por los holandeses, en última instancia porque intentó aplastar la Revolución protestante en Holanda. Hoy en día, los estudios históricos muestran que, si el sur de Holanda es católico, fue porque Felipe II, en una lucha que ni siquiera los propios católicos holandeses de su época comprendieron, frenó allí el protestantismo.
Si el sur de los Países Bajos no se hubiera convertido al catolicismo, no tendríamos a fray Jerónimo, no tendríamos la Orden del Carmen [en São Paulo], no tendríamos un sinfín de cosas que representan una gota en ese océano de beneficios que la acción de un gran hombre puede aportar y en los que se encuentra la contribución del glorioso y santo fundador, el mártir de la Inquisición en Aragón.
Ahora bien, me gustaría destacar este detalle. El Martirologio dice que fue martirizado por judíos relapsos. ¿Qué es un relapso? Es el judío que, para evitar la muerte, se hacía pasar por católico, aunque hiciera propaganda judaica, y que, descubierto, para evitar la muerte, se declaraba católico, y después volvía a caer en la herejía.
Ya ven ustedes que eso es lo peor: es el apóstata fingido, y que, como lo peor, odia más a lo mejor; eran ellos quienes tenían que hacer esto. Eligieron una catedral —¡y qué hermosa catedral!— para cometer este crimen espantoso, y lo mataron con todo tipo de horrores.

