El futuro de América y la responsabilidad individual en la difusión de la fe
“Santo del Día” – 16 de agosto de 1974
A D V E R T E N C I A
El presente texto es una traducción y adaptación de la transcripción de una exposición oral del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira dirigida a socios y cooperadores de la TFP, por lo que tiene un estilo coloquial y no ha sido revisado por el autor.
Si el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira estuviera entre nosotros, sin duda pediría que se hiciera mención explícita de su disposición filial a rectificar cualquier discrepancia con respecto al Magisterio de la Iglesia. Es lo que aquí hacemos constar, con sus propias palabras, como homenaje a tan bello y constante estado de ánimo:
«Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Sin embargo, si por descuido hubiera en él algo que no se ajustara a dicha enseñanza, lo rechaza desde ya y categóricamente».
Las palabras «Revolución» y «Contra-Revolución» se emplean aquí en el sentido que les da el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en su libro «Revolución y Contra-Revolución», cuya primera edición se publicó en el n.º 100 de «Catolicismo», en abril de 1959.
Hace mucho tiempo que no hacemos un «Santo del Día» propiamente dicho, es decir, que no comentamos la vida de algún santo. Por eso me ha parecido conveniente hacer hoy un comentario sobre una ficha, extraída de una biografía un poco más detallada de este santo. Ya hemos comentado la biografía de este santo en otra ocasión. Pero han surgido nuevos datos sobre su vida que merecen nuestra atención. Por eso, me propongo hacer hoy este comentario.
Se trata de un santo cuya figura resulta especialmente oportuna evocar aquí, en un auditorio en el que, para nuestra alegría, se encuentran hispanoamericanos de un gran número de países de Sudamérica, y también españoles. Este hombre era español, San Francisco Solano, y fue apóstol de toda Sudamérica.
* La Providencia forma al hombre: nobleza de sangre y nobleza de virtud
Los datos de esta ficha proceden de un libro escrito por un franciscano de Perú.
“San Francisco Solano fue una figura suscitada por la Providencia para formar parte de la Contra-Reforma española. Nació en Montilla, en Andalucía, en 1549, en el seno de una familia noble. Su padre fue dos veces gobernador de Montilla, capital del marquesado de Priego. Su madre, tanto por la nobleza de sangre como por la nobleza de virtud, era conocida en la localidad como «la noble»”.
Esta combinación de nobleza de sangre y nobleza de virtud nos lleva a evocar cierto tipo de damas extraordinariamente virtuosas y dignas a la vez, que existieron en el pasado, en las que se daba una maravillosa alianza entre la elevación del alma y la elevación de los modales. De tal forma que la elevación de los modales no se manifestaba simplemente como un adorno externo y casi mecánico de los gestos y las actitudes, sino que era la propia expresión de la nobleza de alma que poseía la persona. Y es gratificante para el hombre encontrar formas externas que se correspondan con las formas internas elevadas.
Ahí ven ustedes también a la madre de San Francisco Solano, llamada «la noble» por excelencia, por la nobleza combinada de la virtud, la sangre y los modales. Esa era aquella a quien le encomendó la Providencia la misión de formar, ¿a quién? Al misionero de los indios más botocudos [N.C.: Nombre que los colonizadores portugueses dieron a los miembros de varios grupos indígenas brasileños por llevar un disco —botoque—, normalmente de piedra o madera, incrustado en el labio inferior o en el lóbulo de la oreja, a modo de adorno] de Sudamérica. Estos son los contrastes de los designios de la Providencia: ante indias de fisonomías horribles, malolientes, que no se cepillaban los dientes, cuántas veces se habría acordado de «la noble» cruzando las calles de la capital del pequeño marquesado de Priego. Todo esto tiene su belleza, tiene su sentido, que merece la pena mencionar de paso.
“Cuando ella esperaba al futuro santo, lo consagró a San Francisco de Asís; de ahí su nombre. San Francisco Solano recibió una formación sumamente cristiana de sus padres y la completó en el colegio de los padres jesuitas de su ciudad. Era una persona de buen porte, conversación agradable, hermosa voz y un raro sentido musical”.
En breve verán ustedes que todos estos dones ya habían sido previstos por la Providencia para el esplendor de su apostolado.
*La alegría del servicio a Dios: la alegría en la lucha, la alegría en la seriedad, la alegría en el sufrimiento, el entusiasmo
“Por influencia del rey católico, para compensar el daño que sufría la religión a causa de la apostasía de muchos pueblos, se produjo un auténtico renacimiento religioso en España. Por su celo, destacaba entre las figuras de ese renacimiento religioso, en la Orden de San Francisco de Asís, el gran San Pedro de Alcántara.
“San Francisco Solano, atraído por el ejemplo y el prestigio de San Pedro de Alcántara y de la Orden Franciscana, abandonó el colegio de los jesuitas y vistió el hábito franciscano. Gracias a sus virtudes y a su capacidad, pronto fue nombrado para ocupar cargos directivos. Su virtud se caracterizaba por una particularidad: no toleraba que nadie a su alrededor manifestara tristeza por estar al servicio de Dios”.
Nada de caras largas, abatidas, «porque la vida es dura, cómo sufre un pobre religioso, etc., etc.…». Cuando la persona empieza a compadecerse de sí misma y pone cara larga, entra en un camino cuyo final es la apostasía. Por eso, hay que transmitir la alegría del servicio a Dios, comunicar la alegría de las cosas santas. Santo Tomás de Aquino denomina la inapetencia de las cosas santas y, por tanto, la tristeza de vivir en el servicio de Dios, de «assedia»; es decir, inapetencia, falta de gusto, de deseo por las cosas [santas].
San Francisco Solano recibió esa gracia —¡qué rara y qué preciosa en nuestros días!— de transmitir el gusto y la alegría por las cosas santas. Hoy vivimos en una época en la que solo existe la alegría por las cosas del mundo. Nadie tiene la alegría de la virtud, la alegría de estar al servicio de Nuestro Señor. San Francisco Solano fue llamado por Dios para transmitir esa alegría. No se trata de una alegría tonta, de bromas o de juegos; se trata de ser alegre sin hacer bromas tontas, sin hacer juegos, sin hacer el payaso, sin ser un payaso. Se trata de tener la alegría de la seriedad, que es la más noble y la más elevada de las alegrías. De eso se trata.
Verán a San Francisco Solano dar ejemplo de ello por todas partes y llevar a cabo este apostolado: la alegría en la lucha, la alegría en la seriedad, la alegría en el sufrimiento, el entusiasmo.
Los franciscanos, como ustedes saben, suelen ser misioneros. Por eso, viajan de un lado a otro.
“Él adquirió la costumbre, cuando viajaba, de incluir en su minúsculo equipaje, junto con el cilicio y las disciplinas, un violín, ¡que era su gran instrumento de apostolado!”
* Violín y cilicio: la armonía entre la penitencia y la alegría
Precisamente esta yuxtaposición me parece que lo dice todo: el violín sin el cilicio es el camino abierto hacia la apostasía; el cilicio sin el violín pierde parte de su expresividad, porque lo normal del cilicio bien usado es dar alegría. Es más o menos como el soldado que va a la batalla. Va alegre. Un soldado que va diciendo: «¡Oh, patria, cómo me duele dejarte… oh, querida familia, qué pena! ¡Oh, pobres miembros que las balas pueden destrozar!». Llora… ese se echa atrás. No vale ni dos caracoles. Lo bonito es el soldado que avanza por encima del peligro e incluso por encima de la muerte, alegre en el sacrificio y en el dolor.
Así también el religioso, así también debe ser el miembro de la TFP. Es la alegría de asumir las obligaciones, la alegría de pertenecer por completo a Nuestra Señora. Violín y cilicios. La fórmula me parece tan magnífica que se podría convertir en un motivo decorativo en una capilla de la TFP, en recuerdo de ese apóstol del continente en el que se encuentra Brasil.
* El encanto de ver a un santo bailando y tocando el violín ante el Santísimo Sacramento
A continuación, [el texto] explica que su alegría era tan singular que, cada vez que se encontraba ante el Santísimo Sacramento, o cuando veía una imagen del Niño Jesús en brazos de Nuestra Señora, sentía tanta alegría al ver al Niño Jesús tan bien acunado en los brazos de Nuestra Señora que, a menudo, se adentraba en el convento y llamaba a todos los sacerdotes: «Padre, venga a ver, ¿aún no se ha alegrado? Miren cómo el Niño Jesús está tan bien aquí con Nuestra Señora en esta imagen. Así vivió Él en la tierra. ¡Alegrémonos!».
Y cuando se llenaba de mucho entusiasmo, cogía el violín, tocaba el violín, cantaba y bailaba ante la imagen, o ante el Santísimo Sacramento.
Ustedes comprenderán que no se trata, en absoluto, de ese baile descarado e innoble que hoy se conoce con el nombre de «danza». Eran movimientos rítmicos de gran candor, de gran nobleza, de gran elevación y, evidentemente, de gran pureza.
Así como los sentimientos del alma pueden expresarse a través de los ritmos de la música, también pueden expresarse a través de los del cuerpo. Y antiguamente se bailaba ante el Santísimo Sacramento. No lo sé con certeza, pero creo que es en la catedral de Sevilla donde todavía se celebra el minueto de los sacristanes y monaguillos, que bailan ante el Santísimo Sacramento. Me parece encantador. Él bailaba algo menos frívolo que un minueto ante el Santísimo Sacramento.
Baile de los Seises en el Corpus de Sevilla 2024
Imaginad cómo nos sentiríamos si, al entrar en una iglesia hoy en día, nos encontráramos con un santo en éxtasis tocando el violín, ante el Santísimo Sacramento o ante una imagen de Nuestra Señora, cantando y, en cierto momento, empezando a marcar el ritmo con sus movimientos. Y, de vez en cuando, se detenía, bailaba y volvía a tocar el violín. Quedaríamos absolutamente extasiados.
Hay una pregunta que cabría plantearse y que a mí me deja perplejo. Creo que cada uno de ustedes responderá según la forma de sentir de la ciudad en la que vive: esas cosas encantaban a los hombres de la época de San Francisco Solano. Como verán más adelante, encantaban incluso a los indios botocudos ¿Encantarían al hombre de hoy? En una iglesia actual, al ver esta escena, ¿se reirían? ¿Quedarían encantados? ¿O pasarían de largo con indiferencia? Es evidente que en todas las ciudades habría un poco de cada cosa. La pregunta es si habría una nota predominante, y cuál sería esa nota.
* San Francisco Solano, alma elevada que sabía amar los opuestos armónicos; apóstol consumado
A seguir, se explica que era muy celoso de la Sagrada Liturgia y que, por ello, se esforzaba enormemente para que todos los frailes aprendieran bien todas las rúbricas de la liturgia y el canto gregoriano, con el fin de dar todo el esplendor posible a los santos misterios. Esto también es hermoso. Verán dentro de un momento que cantaba y tocaba canciones populares para complacer al pueblo. Pero estos contrastes armónicos me encantan. Para complacer al pueblo, canta canciones religiosas populares. Pero es un espíritu altísimo el que comprende la belleza superior de la liturgia, todo el pensamiento teológico, toda la piedad, todo lo sobrenatural que hay en la liturgia —y, por tanto, también en el arte litúrgico, en la música litúrgica, etc.—, y que exige ese esplendor para la liturgia. Su espíritu es enorme, abarca los dos extremos. Eso es lo que me gusta ver: almas amplias, abiertas, capaces de entusiasmarse por los opuestos, no contradictorios, sino extremos. Eso es lo que se llama categoría, y así era San Francisco Solano.
“A menudo salía por las calles de España tocando el violín”.
Su intención era captar lo que llamaríamos el centro decisivo.
“Los niños salían corriendo tras él para verlo. Entonces se detenía y daba una pequeña clase de religión a los niños.”
Podemos imaginarnos lo divertida e interesante que debía de ser esa clase. Como la clase se llenaba de niños, los mayores se acercaban a ver. Cuando se daba cuenta de que los mayores también estaban muy interesados en asistir a la clase, convertía la clase de catecismo en un sermón para ellos, y entonces reprendía y reprendía a los mayores por sus malas costumbres y hábitos, e inculcaba la virtud. Los mayores quedaban cautivados. Es decir, a través de los niños, formaba, gracias a la candidez de los inocentes, un círculo. El niño iba a ver al fraile, el hombre iba a ver al niño, el fraile hablaba al hombre. Era un circuito perfecto. Y entonces se lanzaba contra las costumbres renacentistas que se extendían en su época, etc. Un apóstol, como pueden ver ustedes, consumado.
* ¿Qué habría sido de Sudamérica si hubiera estado a la altura de las gracias recibidas en el punto de partida?
“Sus superiores decidieron enviarlo, a petición suya, a América. Se estaba haciendo muy famoso en España, y prefirió venir a América. Empezó a recorrer a pie la América española, y por eso estuvo en Panamá, Colombia, Paraguay y Bolivia.
Eso es muy fácil de decir. En avión, se recorre así. ¿Se lo pueden imaginar a pie?! Con los ríos de aquella época –ustedes dirán que son los mismos de hoy… sí, pero las embarcaciones no lo son. Por los caminos de aquella época ─cuando había caminos…─ con una topografía tortuosa por los Andes, subir, bajar, resbalar, etc. El hombre llegó hasta el Paraguay, bajó hasta Argentina y llegó incluso a ejercer su apostolado en Tucumán. El trayecto Panamá-Tucumán es propio de un “bandeirante” [N.C.: Se dice de la persona que, en Brasil, formaba parte de las «bandeiras», expediciones destinadas a explorar el territorio brasileño en la época colonial]. Si fuera un bandeirante laico, sin duda se hablaría mucho de él. Aquí hay uno que lo hizo por amor a Nuestro Señor [y por eso] se habla mucho menos de él que de un bandeirante.
“Pasó buena parte de su vida en Lima, entonces llamada la Ciudad de los Santos Reyes, donde florecía la Orden Franciscana, con 180 miembros, que en aquella época eran tan ilustres por su virtud que hacían famosa a Lima en los círculos franciscanos de Europa, debido a la santidad que allí florecía. En la época en que vivió en Lima, San Turibio de Mongrovejo era arzobispo de Lima, y Santa Rosa de Lima comenzaba su camino hacia la santidad.”
¡Están viendo lo que podría haber sido Sudamérica! Porque si ese es el punto de partida, ¡cuál debería ser el punto de llegada! Merece la pena que lean algún día un libro que tenemos en nuestra biblioteca, escrito por Manuel E. Altenfelder Silva: «Brasileños, héroes de la fe». Ya he dedicado un «Santo del Día» a algunos de ellos, héroes de la guerra contra Holanda. ¡Eran hombres en la flor de la vida, católicos de verdad! ¿Dónde ha quedado todo eso? ¿Dónde ha quedado la gloria de don Vital María Gonçalves de Oliveira? ¿Dónde ha quedado todo eso? ¿Cuál es el punto de llegada de aquel punto de partida?
* La conversión de una tribu iniciada en plena selva virgen, al son de un violín
“Tras una estancia en Lima, en la que sus virtudes le granjearon estima y cargos, huyó una vez más”.
Es todo lo contrario al político contemporáneo. San Bernardo decía que la gloria es así, es como la sombra: cuando uno huye de ella, ella corre tras uno; cuando uno corre tras ella, ella huye.
La ficha explica que llegó hasta Tucumán, en el norte de Argentina.
“En la región de Tucumán, buscó acercarse a los indígenas más temibles. Un día, …”
El «Santo del Día» se está alargando un poco, pero los hechos de su vida son tan interesantes que me daría un poco de reparo omitirlos y no contarlos. Fíjense en esto:
“… Un día, ya cansado, caminaba en plena selva y se sentía observado desde lejos …”.
Los indígenas suelen hacer eso. Desconfían de una persona —un blanco, etc.— y la vigilan desde lejos para ver adónde va; en un momento dado, la mataban. La escena es muy al estilo de los Fioretti. Daría para una miniatura medieval. Pero ya no hay Edad Media, ni hombres capaces de hacer iluminaciones, ni hombres capaces de dejarse encantar por ellas. Falta todo. Falta, sobre todo, San Francisco Solano y sus congéneres.
Así que el autor cuenta que el santo estaba muy cansado de caminar y, aunque se sentía observado,
“… cuando se detuvo junto a una fuente —tenía sed—, se inclinó para beber.”
La escena es preciosa: un bosque virgen y un fraile franciscano, con ese hábito, que se detiene junto a una fuente burbujeante y bebe de esa agua. Se santigua, bebe de esa agua. Después, se sentó y se quedó descansando un rato.
Mientras descansaba, escuchó el canto de los pajaritos, que abundaban en el bosque, y el murmullo del agua. Y como tenía un talento musical extraordinario, decidió entonces acompañar con el violín —él mismo compuso la música— el murmullo de las aguas y el canto de los pajaritos. ¡Fíjense en su conciencia tranquila! Sabía que podía morir mientras componía. Pero sabía que iría al cielo. Iría al cielo tocando música. Los ángeles se deleitarían con ello.
Mientras tocaba la música —¡quién de nosotros no sentiría un enorme interés por conocer la música con la que acompañó el gorjeo de los pajaritos y el murmullo de las fuentes! —, sintió una flecha que pasó cerca de su oreja y se clavó en un árbol. Era la advertencia que le daban. La puntería era infalible. Lo hacían así para que el tipo entendiera bien lo que iba a pasar. Él continuó. Entonces vio una cara asomarse entre la vegetación: era un indígena. Era el cacique de la tribu de indígenas feroces que él buscaba. Dejó el violín y, radiante del amor de Dios, se acercó al indígena para abrazarlo. Ustedes pensarán que iba a sufrir un martirio, pero no. El indígena se conmovió, se dejó conmover, lo llevó a la tribu y él comenzó a evangelizar a la tribu. Así comenzó la evangelización de esa tribu.
¿No les parece esto una verdadera belleza? Es un hecho de un superfioretti.
San Francisco de Asís, ¿con qué palabras cantaría al hermano Francisco, como él, que así convirtió a una nación infiel?
Pero quedaba la cuestión de la comunicación: ¿cómo hablar con esos indígenas? Empezó a hablar en castellano. Y simplemente se dio cuenta de que el don de lenguas había descendido sobre él y de que los indígenas entendían el castellano que él hablaba, ¡con toda sencillez! ¡Así se hace el apostolado, señores! ¿Qué más?
“Durante trece años permaneció en aquella región, empleando todos los recursos para apaciguar a blancos e indios, resolver disensiones y ganarse a unos y otros para la fe. San Francisco Solano, emulador de San Francisco Javier, resucitó a los muertos, curó enfermedades mortales, domó fieras salvajes, hizo brotar manantiales en lugares áridos, de tal manera que era veneradísimo por los blancos y los indígenas con los que tenía contacto”.
* El fundador espiritual de una civilización cristiana
Es el fundador de una nación. Estos son los hombres que fundan naciones. Así nace una nación. ¡Un hombre que resucita a los muertos, que habla y los demás entienden su lengua, que tiene una historia así! Así se funda una nación. ¡Cuántas cosas bonitas habría que contar, de este modo, también de Anchieta! En este sentido, el fundador de Brasil. Pero es lo que digo, mis caros, lo digo de Argentina, como he dicho hace un momento de Perú, lo digo de Brasil, lo digo de toda América Latina: el punto de partida fue muy bonito. ¿Cómo está siendo el punto de llegada?
“Cierta vez, cuando una nube de langostas devastaba una plantación de los indígenas, el santo les ordenó que se dirigieran a un bosque cercano”.
Así, con esa sencillez: ¡Marchaos! ¡Id al bosque! Y se marcharon. Entonces los colonos le preguntaron por qué no exterminaba de una vez a los saltamontes. Entonces, él dio dos razones: la primera es que los saltamontes de ese tipo habían servido de alimento a San Juan Bautista en el desierto. Por eso, por amor a San Juan Bautista, no ordenaba exterminar a los saltamontes. En segundo lugar, porque los indígenas también comían saltamontes y era bueno que nuestros hermanos indígenas no se vieran privados de su alimento. ¡Me parece encantador!
“Este hombre, tan extraordinariamente apacible, era inmensamente austero.”
Ya he hablado del violín; hablemos ahora de los cilicios.
“No solo era casto, según dice el biógrafo, sino que era la única virtud que él mismo destacaba que se viera que poseía.”
Lo cual está muy bien pensado, porque es la única virtud que no se puede ocultar. Hay que mostrarla. Y por eso, nunca permitió que ninguna mujer se acercara a menos de cien pasos de su vivienda, en todo el radio a su alrededor. Debía ser una casita muy sencilla. Ninguna mujer podía acercarse.
* La decadencia posterior interpela a los hombres de hoy: si la TFP reacciona y con ella muchas almas, el punto de llegada será más hermoso que el de partida
Comparad esto con los sacerdotes de hoy. ¿Cómo está ese punto de llegada? ¿Se dan cuenta de la decadencia? ¿Se dan cuenta de la necesidad de luchar? ¿Es cierto o no, mis caros, que si la TFP, y muchas almas con la TFP, reaccionan, la reacción será más hermosa que la caída? Y, al fin y al cabo, ¿habrá sido el punto de llegada tan hermoso o más que el punto de partida?
¿Comprendéis la responsabilidad individual de cada uno de nosotros? ¿De qué historia somos la continuación? ¿Qué promesas están en nuestras manos? ¿Y también qué decepciones pueden recaer bajo nuestra responsabilidad si no estamos a la altura de la gracia? Aquí se trata de una tarea individual, porque de la buena conducta y la dedicación de cada uno de nosotros puede derivarse una notable mejora o un empeoramiento en el conjunto. Esto se aplica a toda la TFP, desde la Oficina de París, pasando por los Apóstoles Itinerantes que se encuentran en Alemania, España, Portugal, Canadá y Estados Unidos, hasta el sur de nuestro continente, hasta Argentina y el extremo sur de Chile. Así es. Debemos reflexionar bien sobre ello.
* La hermosa muerte de San Francisco Solano
“Tras su muerte, tras haber querido comprobar el rejuvenecimiento que presentaba su cuerpo, tan maltratado durante su vida por los ayunos y las penitencias, un médico le palpó primero los pies y las manos. Cuando intentó palparle una de las piernas, el santo la encogió, doblando la rodilla. Y así es como aparece representado en el retrato que se le hizo al día siguiente de su entierro”.
Es decir, fue otro milagro más que realizó. El propio cadáver se encogió; para mostrar la presencia de la gracia, la presencia de Dios allí por su gracia, encogió la pierna para demostrar cuánto le había amado Dios en vida, dándole la posibilidad de realizar ese prodigio. No resucitó por sí mismo, pero el cadáver se movió. Aquel que había resucitado a tanta gente, dio esa manifestación de vida.
“Cuando podía, mandaba construir una cabaña junto al coro, en la iglesia, para tener siempre la presencia del Santísimo. Cuando no podía, llevaba al coro una estera y se tumbaba en el propio coro, donde…”
Por «coro» se entiende la capilla mayor, como se llama hoy en día.
“… tras unos momentos de descanso, se inflamaba de amor a Dios y lo plasmaba en sus famosos cantos y danzas, acompañados del violín.
“A punto de morir, en su último momento, para expresar su amor y gratitud hacia la Santísima Virgen, pidió que le cantaran el Magníficat.”
Siempre es alegría.
“Recordando a continuación que era misionero, es decir, difusor de la fe, pidió que le cantaran también el Credo. Y al llegar a las palabras «Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine», expiró precisamente en ese momento, cuando las campanas del convento anunciaban el momento de la Elevación en la misa conventual.”
Todo al mismo tiempo. No puede ser más hermoso. En el convento, cuando había Elevación, se tocaba la campana. En su celda, cantaban el Credo. Cuando llegó a las palabras que acabo de citar, por coincidencia se estaba celebrando la Elevación; las campanas sonaban y el alma santa de San Francisco Solano ascendía al Cielo. Eso es morir, o, dicho de otro modo, ¡eso es nacer!
“El virrey, que se encontraba ausente de la ciudad, ordenó que se aplazara el entierro para poder estar presente. Tanto el arzobispo como el virrey se unieron al cortejo para besar humildemente los pies del santo. Al ver el virrey que el cojín que sostenía la cabeza del santo en el ataúd era de una tela muy corriente —o al menos así lo alegó—, lo hizo cambiar por el de terciopelo bordado en oro que llevaba consigo. El otro se lo llevó como reliquia.
“San Francisco Solano fue beatificado en 1675 y canonizado en 1726. Incluso antes de su beatificación, ya había sido elegido patrón de las ciudades de Lima, Buenos Aires, Cartagena (Colombia), Panamá y Santiago de Chile.”
Y con esto queda comentada la vida de San Francisco Solano.


