Los Ángeles de la Guarda (02/10): presencia de Dios en nuestras luchas

Su misión principal no es librarnos de toda dificultad material, sino custodiar nuestra alma, interceder por nosotros y conducirnos con confianza en medio de las pruebas.

“Santo del Día” – 2 de octubre de 1964


A D V E R T E N C I A

Este texto es transcripción de cinta grabada con la conferencia del profesor Plinio Corrêa de Oliveira dirigida a los socios y cooperadores de la TFP. Conserva, por tanto, el estilo coloquial y hablado, sin haber pasado por ninguna revisión del autor.

Si el profesor Plinio Corrêa de Oliveira estuviera entre nosotros, sin duda pediría que fuera colocada una explícita mención a su filial disposición de rectificar cualquier eventual discrepancia en relación al Magisterio inmutable de la Iglesia. Es lo que hacemos constar, con sus propias palabras, como homenaje a tan escrupuloso estado de espíritu:

“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a las enseñanzas tradicionales de la Santa Iglesia. No obstante, si por lapso algo en él hubiera en desacuerdo con dichas enseñanzas, desde ya y categóricamente lo rechaza”.

Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que se les da en el libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición apareció publicada en el número 100 de la revista “Catolicismo”, en abril de 1959.


Ángeles armados – miniatura medieval – ca. siglo XV

 

Los ángeles de la guarda hacen exactamente lo contrario de lo que enseña la mentalidad del «final feliz» * Protegen a las personas, las instituciones, las ciudades, las naciones, etc. * Distorsiones de las imágenes y funciones de los ángeles: solo para obtener ventajas. Los ángeles existen sobre todo para ayudarnos en las dificultades espirituales * La protección angelical del Grupo * Dios nos acompaña a través de los ángeles y ellos participan en nuestras luchas * Nuestros ángeles y nuestra luz primordial

 

Hoy celebramos la fiesta de los Santísimos Ángeles de la Guarda. No solo los hombres, sino también las naciones, las provincias, las familias, las diócesis, las Iglesias, las comunidades religiosas, cada cual tiene su ángel de la guarda.

La vida es combate, no “happy-end”; la necesidad de la protección angélica

Sobre los Ángeles de la Guarda tendríamos algo que decir. Mientras que el optimismo moderno tiende en gran medida a creer que no hay lucha en nada, que no hay dificultad en nada, que no hay peligros en nada, y a verlo todo con una mentalidad estadounidense que tiende al «happy-end», por el contrario, la Iglesia nos enseña que esta vida es una vida de lucha y una vida de peligros; tanto de peligros materiales como de peligros espirituales. Y que, por ello, la Divina Providencia ha puesto un ángel para velar por cada uno de nosotros.

Y lo ha hecho con tanta munificencia que, además de haber un ángel para cada persona, hay un ángel para cada ciudad, para cada nación; existe un ángel para proteger a la Santa Iglesia Católica, que es el arcángel San Miguel; probablemente hay ángeles para grupos, para familias de almas, para sociedades, etc., etc.; de modo que todo lo que existe está protegido por ángeles. Lo cual, por cierto, forma parte del papel de los ángeles, porque los ángeles ponen en marcha para Dios todo el universo material y ejecutan todos los decretos de Dios.

Y así, por lo tanto, cada uno de nosotros, en esta concepción de que la vida es una lucha intensa, de que la vida tiene peligros, tiene dificultades, tiene un ángel que debe guiarle en ello; porque nosotros no seríamos suficientes por nosotros mismos para ello; y, por lo tanto, Dios ha confiado a un ángel especialmente este punto.

Primera lección: contra la autosuficiencia

La primera lección que se desprende de ello es una lección de espíritu sobrenatural: comprendemos lo errónea que es esa postura, condenada por Dom Chautard, de aquellos que dicen lo siguiente: soy muy capaz, soy muy inteligente, soy muy hábil, soy muy listo, soy, en fin, esto, aquello; soy, sobre todo, muy, muy grande; y, por eso, siempre que Dios no permita que surjan obstáculos demasiado grandes, yo resuelvo mi asunto; no necesito, ni en mi vida espiritual ni en mi vida material, no necesito recurrir a la ayuda de Dios. Me las arreglo por mí mismo para hacer lo que tengo que hacer.

Es algo erróneo, y tan erróneo que incluso Dios ha enviado a un espíritu celestial para acompañarnos y protegernos a cada uno de nosotros. Esto nos recuerda que, en todo momento y para todo lo que hacemos, necesitamos la ayuda de Dios.

La “herejía blanca” y la imagen distorsionada

Ahora bien, por otro lado, vemos lo siguiente: que este ángel —al igual que en la “herejía blanca” [N.C.: una devoción puramente sentimental y blanda] se distorsionaron todas las devociones— se presenta habitualmente de la siguiente manera: en primer lugar, es un ángel que protege a los niños; en todas las ilustraciones que muestran al ángel de la guarda en acción, aparece un niño pequeño. Y lo que queda vagamente en nuestra mente es lo siguiente: en primer lugar, que solo los niños pequeños necesitan un ángel; pero, en segundo lugar, que solo los niños pequeños creen en los ángeles, y que un espíritu más emancipado, más evolucionado, ni lo necesita ni cree en él.

Porque [cualquier] ilustración muestra, por ejemplo, un riachuelo muy bonito con unas plantitas, etc., etc., y una niña regordeta de color rosado, con aire de quien acaba de levantarse de la cama, a la que le han lavado, peinado y puesto pompones en un momento, está pasando por un lugar donde hay algo roto, un puente con una tabla rota. Y la niña va apoyando su piececito allí; y el ángel de la guarda, entonces, velando…

Tenemos la impresión de que eso es el mundo interior de la imaginación de la niña; y que es el estado de ánimo con el que la niña cruza el puente. En el mejor de los casos, podríamos imaginar que el ángel de la guarda hace lo mismo con los adultos también. Así que, para evitar choques de coche, para evitar —por cierto, tenemos que rezar un poco a nuestros ángeles de la guarda para evitar choques de coche— enfermedades, para evitar pequeños accidentes, etc., está muy bien rezar al ángel de la guarda.

Yo recurro al Ángel de la Guarda para evitar choques de coches, para evitar enfermedades, para evitar pequeños accidentes, etc., y está muy bien. En resumen, el Ángel de la Guarda nos sirve en las necesidades materiales. Pero, para las necesidades espirituales, nadie habla del Ángel de la Guarda.

Una devoción reducida a la protección material

Lo cual concuerda con una cierta piedad festiva: por ejemplo, la gente que va a Buen Jesús de Pirapora o a Aparecida [N.C.: locales de peregrinación y devoción muy populares en Brasil], ¿qué es lo que van a pedir? Que se les cure un dolor de garganta, alguna herida fea… En esos lugares aparecen heridas que son algo tremendo; así pues, todo tipo de heridas, con los síntomas más extraños, aparecen en los relatos de esos lugares. Dinero, naturalmente, pedido en abundancia; reconciliaciones; alejar la mala suerte; y cosas por el estilo.

La misión principal: custodiar nuestras almas

Pero muy pocas veces se menciona la idea de que los ángeles de la guarda nos fueron dados para lo más importante que hay: para las necesidades de nuestras almas; y de que la función principal de nuestro ángel de la guarda es velar por nuestra alma; ¡luchar y actuar junto a nosotros para que superemos nuestras dificultades!

Y fíjense qué consuelo nos daría, en los momentos de prueba y en los de tentación, en los momentos en que nos sentimos solos ante los problemas de la vida espiritual, tener la certeza de que un ángel de la guarda está a nuestro lado; de que, aunque no lo sintamos ni lo percibamos, no nos abandona ni un minuto; y de que está esperando nuestras oraciones para actuar en nuestro favor. Muchas veces actúa sin que se lo pidamos, pero actuará aún más si se lo pedimos. Y que, por lo tanto, está a nuestro alcance.

En este mismo instante, esta sala está llena de ángeles de la guarda, por así decirlo. Y todos ellos están velando por nosotros. Por no hablar del ángel del Grupo de Catolicismo, cuya existencia me parece sumamente probable; por mi parte, ninguna duda de que exista.

Y así, comprenderán qué alegría sería para nosotros si tuviéramos esto presente cuando vamos a realizar nuestro apostolado, cuando tenemos nuestras dificultades interiores, cuando a veces tenemos contratiempos, luchas y dificultades de todo tipo, y nos sentimos solos. Esta soledad es una ilusión. A mi lado está mi ángel de la guarda. Y, aunque tenga la impresión de que la distancia que hay entre él y yo es la que separa el Cielo de la Tierra, sin embargo, es cierto que está cerca de mí. Y yo, al rezar por él y pedir por él, él está ahí, velando por mí y protegiéndome.

Comprendéis cómo esto daría ánimos a la vida espiritual, cómo daría satisfacción, cómo sentiríamos la mano de Dios acompañándonos en cada paso. Y cómo esto ilustra las afirmaciones de Nuestro Señor en el Evangelio, de que no se cae ni un pelo de nuestra cabeza, que no muere ni un pajarito, que no cae ni una hoja de un árbol sin que esto sea por voluntad de Dios.

Una presencia cercana que vence la soledad y fortalece la confianza

Es decir, la relación de esto con la Doctrina sobre la Providencia, con todo lo que dice sobre la Providencia, es una relación admirable, y deberíamos tenerla presente. Deberíamos, sobre todo, tenerlo presente; nosotros, que cultivamos o debemos cultivar tanto la virtud de la confianza. Porque es un motivo de confianza para nosotros saber de la presencia de ese ángel; saber que todo aquello que la virtud de la confianza nos manda esperar, el ángel de la guarda lo está pidiendo por nosotros; está velando por nosotros, etc.

Me refiero a la ayuda que el ángel nos brinda en los momentos de peligro y de prueba. Debería decir que no se trata solo de una ayuda, sino que reza por nosotros. Recuerdo, por ejemplo, aquella famosa visión de Daniel, en la que ve a los ángeles de los distintos imperios antiguos junto a Dios y, por así decirlo, luchando junto al trono de Dios por sus respectivos pueblos.

El ángel de la guarda como intercesor y mediador

Nuestro ángel es nuestro intercesor, es nuestro defensor, es nuestro mediador; está rezando continuamente por nosotros. Y, por lo tanto, lo más lógico que podemos hacer es pedirle constantemente a nuestro ángel de la guarda que ejerza su función de intercesor de tal manera que nos obtenga las gracias y aleje de nosotros los castigos. Es algo que deberíamos hacer constantemente.

Los antiguos tenían una noción enorme de la presencia de los ángeles de la guarda. Construían iglesias en alabanza a los ángeles de la guarda; había lugares de peregrinación en puntos donde se aparecían ángeles que, en algunos casos, eran ángeles de la guarda; como el arcángel San Miguel, en la abadía de Saint Michael, por ejemplo, que es el ángel de la guarda de la nación francesa, y que se apareció; el santo Ángel de Roma que también se apareció en lo alto del sepulcro de Adriano, etc.; tenían una gran conciencia de la presencia y la intercesión de estos ángeles.

Y nosotros deberíamos, en esta época de dificultades que se avecina, insistir en esto, hacer que esto esté más presente para nosotros. Hablamos, por ejemplo, mucho de la “Bagarre” [palabra francesa que significa alboroto, caos, confusión con violencia, utilizada en la jerga del lenguaje corriente de la TFP para significar el castigo profetizado por Nuestra Señora en Fátima si no hubiere conversión de las almas]. ¿Recordamos ya que, en la Bagarre, los ángeles lucharán muy especialmente contra los demonios? ¿Recordamos que contaremos con la protección especial de los ángeles en la Bagarre? ¿Muy especial? ¿Y que esto será para nosotros una alegría, un motivo de consuelo? ¡Cuántas veces aquellos caballeros medievales, en sus combates, veían descender a los ángeles contra los herejes, contra los infieles; y cómo iban a felicitarles por su victoria!

¡Habría mil cosas que decir sobre el papel de los ángeles, tanto en la Biblia como en la historia del cristianismo! Todo esto queda muy olvidado. Pero es algo precioso que recordemos todo esto y lo tengamos presente para el estímulo y el consuelo de nuestras almas.

El ángel de la guarda y la luz primordial del alma; alter ego celestial

Ahora me gustaría decir algo que me parece muy cierto, que sé que no es una doctrina católica demostrada, pero es una opinión que me parece conveniente, razonable, y que someto aquí al juicio de la teología. Y es lo siguiente: Dios lo hace todo con mesura, con peso, con medida y con orden. Y no es probable que la designación de un ángel de la guarda para atender a uno de nosotros se haga de forma completamente automática.

Podríamos imaginarnos una especie de punto de taxis de ángeles en el cielo, esperando; y, luego, a los hombres aquí en la tierra. Nace un hombre.  Dios mira al ángel A —como podría mirar al ángel X— y: «—¡Psst! —Ese…». El ángel viene volando y empieza a proteger a ese… ¡Pero no es así como funciona!

Dios conserva su libre albedrío, su libertad y sus designios insondables. Hecha esta salvedad, podemos decir que esta forma de actuar no es la que solemos apreciar… la que solemos ver en la acción de Dios. Todo tiene una cierta relación. Y tengo la fuerte impresión de que Dios delega a un ángel de la guarda que tiene una afinidad con esa alma que Dios acaba de crear; y cuya santidad guarda relación con la luz primordial de esa alma que Dios acaba de crear.

De modo que existe una protección, por así decirlo, del modelo respecto al discípulo; que el ángel de la guarda es un modelo celestial de las virtudes que deberíamos practicar; y que, si pudiéramos ver a nuestro ángel de la guarda, probablemente veríamos la personificación de la luz primordial de cada uno de nosotros. Así pues, si pudiéramos ver a nuestro ángel de la guarda, veríamos algo que se parecería a nosotros en un grado de belleza ontológica y sobrenatural inconcebible; sería, por así decirlo, lo mejor de lo mejor de nosotros mismos elevado a un grado estupendo.

Y así comprendamos la simpatía, la facilidad para entender, la afinidad y el deseo de servir que sentiríamos hacia ese ángel de la guarda; y, recíprocamente, comprendamos también el vínculo especial del ángel de la guarda con nosotros. Es decir, el ángel de la guarda constituye para nosotros, por así decirlo, nuestro alter ego celestial; algo que es, en cierto modo, una extensión de nosotros mismos. Así pues, comprendamos toda la afinidad que existe entre el ángel de la guarda y nosotros.

Invocarlo con mayor devoción

Y es una razón especial para que, hablando de forma antropomórfica, nos resulte aún más fácil comprender cómo nos protege el ángel de la guarda. Imaginen que se encontraran con una persona que necesitara ayuda y, además, que esa persona se pareciera muchísimo a cada uno de ustedes. ¿No correrían más fácilmente en su ayuda? Es natural. Pues esto, en esta hipótesis, ocurriría entre el ángel de la guarda y nosotros.

Creo que estas consideraciones son útiles para avivar nuestra devoción hacia los Ángeles de la Guarda. Al menos, siempre y cuando nuestro teólogo no diga que son heterodoxas, y que puedan servirnos para invocar, con mayor devoción, su protección esta noche.

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